Vivo sola desde que tenía 17 años. Fue en la época en que mis padres, agobiados por la situación económica en la que el país se encontraba gracias al mal manejo del gobierno de turno, decidieron irse del país en búsqueda de mejores oportunidades y marcharon hacia Barcelona, donde vivía una comadre de ellos que les pintó pajaritos diciéndoles que por esos lares había trabajo y con lo que ganaran podrían vivir muy bien. Es así que en el año 1987 (como regalo de mis quince años) partieron, primero mi padre y al año mi madre, dejándome a cargo de dos tías solteronas que velaron por mi un par de años, hasta que, una vez que ingresé a la universidad, me dijeron que ya estaba lo suficiente grandecita y que podría apañármelas bien en una pensión que me habían conseguido, la cual tenía el plus que quedaba a una cuadra de la universidad y que, como era dormilona, me iba a pintar de las mil maravillas. Mis años en la facultad de arquitectura pasaron sin pena ni gloria, me gradué sin honores (graduación a la que no asistieron mis tías por lo cual pude decirle a mis padres que logré ser parte del tercio superior) y llevándome a cuestas dos amigas y compinches de juergas y travesuras las que conocí en segundo año de carrera, así como una fama de femme fatale por la incontable cantidad de parejas que se me acusaba tener en lo que duró la universidad (de los cuales solo seis fueron reales). Nunca me casé, me dedique a vivir mi vida aprovechando lo que ganaba en viajar cada vez que tenía oportunidad de hacerlo, y he llegado a tener una gran colección de sellos de todos los países que visité en los 26 años que llevo de vida laboral. Compré un departamento pequeño en un buen barrio de la ciudad, donde cada fin de semana tenía reunión obligatoria con el par de amigas de la universidad y que terminaba en la discoteca local de turno, con desayuno con galán muy de vez en cuando, pero eso si, sin compromiso ni romance, eso nunca fue conmigo.
Ahora ya son quince días que mi vida social y laboral se ha visto estancada, y según el gobierno siguen quince más. Solo me queda reunirme por zoom y tomar unos tragos virtuales y esperar hasta que esto termine. Solo espero que sea pronto.