Hoy recibí una llamada extraña, de esas que uno no espera que nunca sucedan. A manera de breve introducción, les contaré que una de esas seis relaciones que mantuve en mi tiempo universitario, termino no muy bien que digamos. Para ese tiempo ya estaba por terminar el cuarto año de carrera y tenía en mi haber cuatro tormentosas relaciones a cuestas y una historia inventada no sé por quién sobre mi fidelidad y mis costumbres amatorias. Se basaban en el hecho de que vivía sola y sin ningún control; tenía dinero, el cual manejaba irresponsablemente (luego de pagar las cuotas en la universidad, alimentos y vivienda por supuesto), y que vivía mi vida como a mi me daba la gana a expensas de los comentarios de la gente. Es decir, una vida de libertinaje y excesos. Nunca entendí el por qué la gente tiene esa opinión de las mujeres que vivimos solas, que gozamos de nuestra vida sin hacerle daño a nadie, y tienen en mente que eso es sinónimo de ser libertina, en otras palabras, poco más y nos llaman putas por que no entienden de donde sacamos plata para vivir así en un mundo en que la economía global esta en caída. Nada mas estúpido. La envidia y el recelo por llevar un estilo de vida que ellas mismas quisieran tener les hacen inventar historias para denigrar tus logros y tu independencia ya que así se sienten menos mojigatas y excusan su vida y aguantarse las ganas de ser libres manifestando que eso esta mal por que la fulanita es fácil y por vivir sola se regala a cualquiera. Entonces entenderán que inicié la relación con este chico (el quinto) en un ambiente no muy bueno y con unos antecedentes muy de actriz porno, por lo cual tergiverso todo y trató de sacarle provecho a mi situación de independencia y contribuyó un poco a esa fama malhadada e inventada por una tercera persona. Terminamos al mes de haber iniciado la relación en no muy buenos términos, luego de que él tratara de violarme (literalmente) en mi cuarto y al no ver su deseo hecho realidad salir despotricando en volumen alto sobre mi condición y dejándome en el peor de los términos, tanto así que tuve que hasta mudarme por los chismes que siguieron luego de esa noche.
Y justo hoy, luego de más de veinticinco años, sin explicarme hasta ahora como consiguió mi número de celular, me llamó para preguntarme como me trataba la cuarentena, contarme que se había peleado con su conviviente una semana antes y que se había quedado en la calle, y que por los viejos tiempos si podría subarrendarle un cuarto en el departamento donde ahora vivía. Nunca entenderé lo caradura que puede ser la gente algunas veces, solo atine a reírme con una estruendosa carcajada y decirle desde el fondo de mi corazón lo que ese día hace ya mas de veinticinco años no pude decirle cara a cara, lo cual con el perdón de todos no puedo reproducir por respeto a todos ustedes, pero solo para que se imaginen origino un par de quejas de mis vecinos por lo subido de tono.